CARLOS CABEZAS – 40 AÑOS EN UNA SOLA VOZ

Carlos Cabezas es, sin exagerar, uno de los nombres más influyentes y respetados de la música chilena. Desde los días fundacionales de Electrodomésticos, pasando por su carrera solista, proyectos como La Banda del Dolor, Cordillera y sus incursiones en el bolero y la experimentación sonora, su obra se ha transformado en un mapa sonoro que refleja tanto la historia personal del artista como la evolución cultural del país. Antes de su show celebratorio Mil Cabezas, repasamos junto a él su historia y sus reflexiones.

Este 18 de octubre, el Teatro Municipal de Santiago será el escenario de Mil Cabezas, un espectáculo único que reunirá 40 años de música en una sola velada, con la participación de las diversas agrupaciones y colaboradores que han marcado el camino del incombustible Carlos Cabezas, músico ancla del rock alternativo nacional. Más que un concierto, será una celebración de la memoria y el presente creativo de un músico que nunca ha dejado de reinventarse. Previo a este hito, nos sentamos a conversar con Carlos sobre su trayectoria, el proceso detrás de Mil Cabezas y las reflexiones que surgen tras cuatro décadas de música, experimentación y encuentros con distintas generaciones de público.

40 años de música es harto tiempo. ¿Cómo ves tu evolución artística desde los inicios de
Electrodomésticos hasta hoy?

Al inicio éramos tres amigos jugando a hacer música con estos juguetes electrónicos que estaban apareciendo, no había pretensiones a largo plazo. Hoy se mantiene ese espíritu de juego y experimentación, pero el quehacer musical se ha ido desarrollando: en el camino aprendimos a cantar, a trabajar en distintos lenguajes y a experimentar en distintas formas sonoras. Se entiende la música como una forma de expresión más amplia e integrada completamente al diario vivir.

Durante la pandemia revisaste y archivaste mucha música. ¿Hubo algo que hizo replantearte tu forma de componer o entender tu propia obra?
La revisión quizás hizo tener cierta conciencia del trabajo realizado. Normalmente, no tienes el espacio mental para eso, pero eso no afectó la manera de componer, ésta se va construyendo en el camino de acuerdo a las características e intereses de cada uno. La pandemia sí incidió en las reflexiones que aparecen en las composiciones, pero no en la forma de componer. Compartir reflexiones sobre lo que tú entiendes y sientes de lo que es vivir, de lo que es compartir sentimientos, emociones, de lo que significa vivir en comunidad, en nuestra sociedad. Entonces, creo que eso se ha mantenido. La pandemia abrió la sensibilidad a lo más comunitario, a lo más colectivo, más allá de lo individual. Entonces, por ahí se abrió un poco más. El disco “Mirar la Luz” (2024) está un poco encaminado por ese lado, pero en general el proceso ha sido el mismo. Se ha cuidado que el proceso sea así, de que tenga esa intuición, ese carácter instintivo de expresar ciertas emociones, reflexiones a través de la música.

Se viene la celebración de los 40 años con Mil Cabezas, en el cual vas a reunir todas las etapas y colaboraciones de tu carrera. ¿Cómo va la selección de canciones y proyectos para este show?
Ha sido todo un tema escoger las canciones para cada uno de estos distintos espacios que vamos a tener en el Teatro Municipal. Es una situación bien especial por eso. Es la única ocasión que va a haber probablemente en la vida de tener todos estos espacios juntos en una misma presentación. Dado estos 40 años que se cumplen, que son una fecha cumpleañera importante, hemos estado trabajando en eso. Va a estar La Banda del Dolor, va a estar Cordillera. Van a estar los boleros y van a estar los Electrodomésticos. Ya hay una playlist ahí andando. Hay un proceso creativo con un director, Gaspar Antillo, que es el director de cine con el que hemos hecho algunos trabajos. Él hizo esta película Nadie sabe que estoy aquí y la serie 42 días en la oscuridad. Con él estamos trabajando en darle un guión, una narrativa a todo el show, integrando estos cuatro espacios de una manera que tenga un sentido de viaje. Ahí van a ver sorpresas en términos del setlist.

Este tipo de eventos suelen ser emocionalmente intensos. ¿Qué sensaciones esperas transmitir al público?
El sentimiento que sentimos ahora es como una celebración de cumpleaños. Como la fiesta de cumpleaños. Mil Cabezas significa básicamente una representación del valor que tiene el trabajo colectivo, lo que significa trabajar con todas estas personas que van a estar ahí. Son más de 20 personas que van a estar integrando las bandas, más de 20 músicos que van a estar integrando las distintas formaciones musicales de estos distintos espacios. Van a haber algunos invitados. Tiene ese carácter como de celebración y como de vestirse de gala un poco para celebrar un cumpleaños. Ese es el ánimo. Cómo se siente lo que hemos estado compartiendo con los músicos que van a estar ahí, lo que se siente de fondo es como un cariño por la amistad que hemos desarrollado, por las cosas que hemos hecho juntos, por el trabajo musical que hemos compartido. Tiene acto de celebración, de cariño, de reconocimiento entre nosotros, de compartir momentos en la vida que son importantes y de compartir la música con la gente que va a estar acompañándonos ahí en el teatro. En general, los recitales con los Electro y con La Banda del Dolor los sentimos así, como ocasiones de celebraciones tribales. Quizás, finalmente la música la hacemos entre todos porque son las experiencias de vida de todos las que aparecen en las canciones. Uno como que absorbe la experiencia de vida. Entonces, como que la música está compuesta de todo eso. Y al final la música viene desde lo que significa vivir en nuestro territorio.

Desde tu proyecto solista hasta Cordillera, pasando por los boleros y la experimentación sonora, ¿cómo decides qué explorar en cada proyecto?
Cada proyecto va presentando sus necesidades. Uno le va poniendo oreja y va respondiendo a eso. Cordillera plantea un paisaje sonoro, por ejemplo, como lo dice el nombre, plantea un espacio, una sensación, un territorio. Y las sensaciones y reflexiones que pueden venir de ahí, de lo que puede ser la experiencia de vida en ese espacio. Entonces uno trata de responder a eso, de ponerle oreja a eso, de ver qué es lo que suena ahí, qué melodías aparecen desde ahí. El proceso creativo tiene harto que ver con escuchar más allá de lo que suena y sacar eso a flote. Es poner atención, más que ir al revés, de ponerle
estrategia a la cosa, como decir «en esta canción quiero decirle a la gente que las cosas tienen que ser así», no, no va por ahí. Hay muchas maneras de componer, pero hablando de cómo aprendí yo, no es así. Es como escuchar a la gente y tratar de poner en la música las sensaciones que uno percibe, que están dando vuelta en nosotros en términos de emociones, sentimientos, reflexiones.

¿Y sientes que todavía hay un espacio creativo en tu música que no hayas explorado del todo?
Sí. No te podría decir algo tan específico qué es, pero en general la música tiene eso. Siempre hay un aprendizaje, sobre todo cuando tienes espacios tan distintos de trabajo. La música de cine, por ejemplo, siempre te va a plantear nuevas situaciones, nuevas maneras de aproximar esas emociones desde los distintos directores, de las distintas historias que están en esas películas. Siempre va a haber algo que aprender y van a aparecer nuevas cosas en la música. A veces se habla que ya está todo dicho en la música, como que están todas las melodías hechas y todo eso, y eso no pasa. Siempre habrá una
canción que con tres notas te va a dejar loco, porque la música tiene eso, que tiene un misterio, una magia. No es posible deconstruir la música para entenderla científicamente. Y ese es el valor que tiene, y eso es lo que uno valora y que todos apreciamos. Todavía no hay fake news en la música, o sea, todo es de verdad aún. La parte racional en general ahora está súper intoxicada, no sabemos qué es verdad y qué es mentira, se puede manipular la información, por ahí hay un ámbito muy líquido, como dicen. Pero la música es al revés de eso, es como un instinto: tú vas a un recital, hay un montón de gente que no se conoce, uno al lado del otro, saltando, gritando, bailando, cantando las canciones que está tocando el
grupo, y hay una conexión que es verdadera porque es real. Ese es el valor que tiene la música, que todavía no está contaminada por nuestras astucias.

Via: Revista Rockaxis – https://www.rockaxis.com/rock/revistas/
Nota: Matías Arteaga
Fotos: Sebastián Utreras

Manú Rojas

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