Tres décadas después de su lanzamiento, “Toque” sigue brillando como uno de los discos más queridos de la música chilena. Publicado en 1995, marcó un antes y un después en la carrera de Joe Vasconcellos: lo sacó del circuito alternativo para instalarlo en la memoria colectiva, con himnos como ‘Mágico’, ‘Huellas’, ‘Las seis’ o ‘Blusa transparente’. Más que un álbum, se transformó en un punto de encuentro cultural, donde conviven la cumbia, el rock, el jazz, la samba y la esencia de la percusión, sello inconfundible de Joe. «“Toque” fue la realización de un sueño de largo aliento», nos confiesa el fundamental compositor nacional.
Con una gira nacional que desembocará en un concierto histórico en el Movistar Arena, Joe Vasconcellos celebrará el hito de la conmemoración de los 30 años de su aplaudido disco “Toque” con la misma energía y gratitud que lo han acompañado durante medio siglo de oficio. En la antesala de esa gran celebración, nos sentamos a conversar en profundidad con él para mirar hacia atrás, repasar anécdotas y comprender por qué este álbum no solo es un trabajo discográfico más, sino un legado vivo que sigue emocionando a generaciones enteras.
Joe, ¿cómo estás? ¿Cómo te sientes el día de hoy?
Bien, súper bien. Hemos hecho una gira maravillosa, muy feliz. Terminamos en Viña y ahora estamos preparándonos, poniendo toda la práctica y lo vivido en esta gira a disposición de lo que será este show. Un sueño. El Movistar es un lugar de mucho respeto, hay que llenarlo. La banda está sonando un cañón, me siento muy seguro y feliz. Llevo como 50 años en este oficio y, en lugar de estar agotado, me siento como un cabro chico soñando. Todo esto se lo debo al público, porque siempre ha estado a nuestro lado.

“Toque” fue tu primer disco con un productor profesional. ¿Cómo recuerdas esa experiencia y como influyo en tu forma de hacer música?
Conocí a Guido Nisenson grabando con Los Fiskales en el disco “Traga”. Al principio, el sello pensó en Gustavo Santaolalla, pero no podía, y Mario Breuer nos recomendó a Guido. Para mí fue muy loco porque él venía de un mundo distinto, pero nos caímos bien al tiro. Grabamos demos en La Batuta y lo primero fuerte fue que el sello quería “desbrasilerizarme”, hacerlo más pop. Hubo que cambiar bajos y arreglos, lo que costó a la banda, pero era necesario confiar. Fue un proceso intenso, de mucho trabajo, pero también de mucho aprendizaje.
¿Cómo fue el momento de firmar con un sello como EMI?
Fue un sueño. Crecí escuchando a Milton Nascimento y a Genesis, y todos esos discos tenían el sello de EMI. Cuando firmé con ellos sentí que estaba cumpliendo un sueño largamente acariciado. Más allá de los contratos, fue la realización de una ilusión juvenil. Estaba en mis treinta y tantos, con hambre de aprender. Esa experiencia me dio confianza, me permitió decir: «voy por lo mío, con conocimiento y experiencia».
Una de las cosas que más se destaca del disco es su fusión de sonidos: mezcla cumbia, jazz, samba, rock. ¿Cómo decidías qué estilo usar en cada canción? ¿Hubo alguna que costara más trabajar?
Soy percusionista, así que mi composición parte del ritmo. No soy guitarrista, pero buscaba acordes que me gustaran y sobre eso creábamos. Siempre traté de imponer mi sello rítmico, era mi marca registrada. Los demás músicos enriquecían armónicamente y cada tema iba tomando personalidad. Eso explica la riqueza de “Toque”: una creación colectiva, donde cada instrumento y cada compañero sumaba su visión.
Antes de grabar este disco pasaron casi tres años de preparación. ¿Hubo alguna historia o momento clave durante ese tiempo que influyera directamente en alguna canción?
Sí. Fue un tiempo muy chileno para mí, aunque grabé en Brasil. ‘Mágico’, por ejemplo, nació porque quería tratar la espiritualidad y las tradiciones con alegría, no con solemnidad ni charlatanería. Sigue siendo el caballo de batalla de ese disco. ‘Las seis’, en cambio, fue tomando forma desde anécdotas con amigos, fiestas, imágenes que se transformaron en canción. En general, el disco se nutre de vivencias y de la mezcla de músicos de distintos países que participaron.

¿Te viene ese recuerdo cuando tocas la canción, esa anécdota de época?
No siempre. Los temas van mutando, adquieren otras anécdotas y terminan teniendo vida propia. Ya no son solo míos, también pertenecen al público que los resignifica. Uno tiene que dejar que las canciones respiren, que cambien con el tiempo.
“Toque” también tienes temas como ‘Conciencia’, ‘Sed de gol’ o ‘Huellas’, que tienen mensajes muy marcados. ¿Sigues sintiéndolos igual al cantarlos hoy o también van mutando?
‘Conciencia’, por ejemplo, la escribió una amiga de Valparaíso, la Gladys. Es un poema que me marcó mucho y que musicalmente tiene mucha fuerza, a los brasileros les encanta tocarlo. En la pandemia sentía que esas canciones eran solo canciones, que no podían cambiar nada. Pero cuando volvimos a tocarlas, sobre todo en el sur, adquirieron una dimensión casi contemporánea. Siguen vigentes. Yo me considero un menestrel: canto lo que veo. No pretendo cambiar el mundo con una canción, pero si alguien la entiende o se inspira con ella, eso ya vale.
‘Huellas’ nació de una discusión con tu papá. ¿Cómo fue esa historia?
Estábamos en Río cuando salió en las noticias la muerte del mariscal Tito de Yugoslavia. Mi papá dijo «cagó Yugoslavia», y yo le discutí porque había vivido en Italia y tenía otra visión de la gente. De esa discusión nació la idea de ‘Huellas’, que originalmente no tenía nada que ver con el tema final. Con el tiempo se transformó en una canción de traiciones, de dolor y se volvió muy potente para el público. Es increíble cómo un recuerdo íntimo puede mutar en algo colectivo.
Una de las canciones que más se destacan y que a mí me gusta mucho es ‘Blusa transparente’. Tiene una carga sensual única. ¿Cómo conectas hoy con esa canción después de haberla escrito hace tantos años?
En ese tiempo me inspiraba la lectura erótica de Sergio Freire, un escritor brasileño que trataba la sensualidad con elegancia. En los noventa, en Chile, hablar de esos temas era difícil: veníamos saliendo de la dictadura y había mucha vulgarización de la sexualidad. Con ‘Blusa transparente’ quise tratar el erotismo con poesía, de manera respetuosa, más delicada, más elegante. Cuando llegué a Chile, tocaba
en un trío en bares pequeños y veía cómo llegaban muchas mujeres solas a disfrutar, casi como una terapia. De ahí nace blusa transparente y Solo por esta Noche. Hoy la siento como un tesoro la gente la canta bajoto, en tono intimo y eso me emociona mucho.
¿Hubo alguna canción del disco especialmente difícil de grabar?
Sí, Conciencia. Llegó un momento en que estábamos bloqueados y pedimos a Mario Breuer que la mezclara. Aveces invitar a un amigo productor ayuda a airear la cabeza. También trabajamos con Rafa Guille, con Carlos Cabezas, hicimos varias sesiones, pero hubo partes que no quedaron. Pasa que una canción que en casa te vuela la cabeza, en el estudio no encuentra su lugar. Por eso siempre aconsejo
grabar más temas de los que entrarán al disco: si quieres nueve, llega con dieciocho.

En los shows actuales se nota que eres un artista multigeneracional. Este año te vimos en Lollapalooza, en REC, con grandes y chicos cantando tus canciones. ¿Cómo sientes eso?
Es hermoso. Es alimento para el alma. Tengo un fan club que me acompaña desde hace años y me reta cuando digo que estoy viejo. Pero lo más emocionante es cuando alguien me dice que “Toque” fue la banda sonora de sus viajes familiares, que lo escuchaban con sus padres en el auto. Esos recuerdos son impagables. Es una conexión que trasciende generaciones y me hace sentir muy agradecido.
Hoy disfruto ver cómo conviven en mis conciertos jóvenes que recién conocen mi música con personas que me siguen desde los noventa. Esa es la mayor recompensa de estos años. Es impagable.
En los 90 la música chilena vivió una explosión. ¿Cómo fue ser parte de ese cambio de época?
Fue impresionante. Veníamos de años de dictadura, donde había mucha censura y poca difusión. De repente empezó a sonar música chilena en la radio, pero no como “segmento de música nacional”, sino mezclada con todo lo demás. Eso fue un paso gigante. Yo venía de la independencia y, de pronto, estar en ese circuito me abrió muchas puertas. También hubo cambios en la televisión, en el teatro, en el
cine. Fue una época de mucha efervescencia cultural, un cambio radical que marcó a toda una generación.
Si no hubieras grabado “Toque”, ¿qué rumbo crees que hubiera tomado tu carrera?
Creo que habría seguido igual, por porfía y convicción. Una vez un ejecutivo me dijo: «tengo un artista que llena estadios y otro que vende discos». Mi trabajo siempre fue llenar estadios, conectar con la gente. El sello podía vender discos, pero yo siempre fui independiente en espíritu. Desde niño, cuando vi a un trompetista iluminarme la vida, seguí esa luz sin abandonarla. Habría seguido tocando, aunque fuera en otro contexto, con otro sello o de forma autogestionada. La persistencia es lo que me define: nunca
dejé de tocar, contra viento y marea.
Via: Revista Rockaxis – https://www.rockaxis.com/rock/revistas/
Nota: Matías Arteaga
Fotos: Benjamín Monrroy – Ignacio Orrego
